Nicolás Mateos

Nicolás Mateos

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“Me llamo Nico. No tengo ni idea de a qué hora, ni cómo, ni porqué pero acá estoy. En Canelones un 26 de octubre de 1997 nací. No hubo llanto. Tengo un caracol llamado Gari y siento un asco tremendo hacia la figura estatal, la religión y también odio a los burgueses ¡Malditos burgueses, se están comiendo el planeta!

¡Abajo la opresión, abajo la policía que no nos deja tomar vino en la calle  y aguante el guiso de mi abuela, los malabares, tocar la viola y fumar al sol! Y no sé si está permitido pero… ¡Un saludo para La loca de los gatos y para el Muerto en vida bo!”

Editado: 19/9/2016

 

Las hojas caer en Pache

El silbido emanando de los árboles soñé. El frío se quedó en mi rostro sonrojado y los segundos morían en presencia del siguiente.
La corriente dormitando el cielo gris sobre mis hombros tiene algo de mágico. Un aire puro que me estremece, arrastra el canto de las aves y me trae los gemidos de todo el campo.
Y como un llanto despiertan mis helados oídos de carne endurecida. Siento que hay mucho que quiere contarme el día, desde el viento que me baña.
Torpe espectro yo que no consigo en mi ignorancia regalada saber más que ruidos.
Que inmensa soledad me regala el cielo despejado, o lleno de nubes de a ratos, pero inmenso, majestuoso y como ebrio.

 

La presa

Qué dicha poco alegre la de aquel Coronel. Ataba peones en estacas y los veía morir, casi podía disfrutar el dolor ajeno. Alejado.
Algún rincón de toda aquella tierra le pertenecía. Sin dudar se hacía de ella y había algo perdido en su jovialidad.
Una mueca, un color, un sonido, eran pocos pero intermitentes los indicadores. Respiratorios.
De alguna forma sostenía su cordura, bajo alambrados en su piel, y allí mismo se atacaban sus silencios. Casi con odio y asimilando que estaban cerca de morir.
Y le hacían la vida en pedazos y no lo dejaban respirar. Él siempre fue la presa.
Pero él, él no lo veía, sólo dejaba estancarse el río sin sospechar que podía desbordarse. Sin sospechar que ese río lo ahogaría.

 

Pez

Un niño de alma gris con una daga en manos cruza el campo de los sueños buscando a Satán.
Practica el niño en su calabozo el juego del llanto, ese oscuro lecho que le calienta la carne.
Toca el vicio con su cuerpo ennegrecido y llora. Sólo pudo vomitar el miedo, el que le dio puntadas,
besando el veneno, aquella noche de espesa piel robada.
Niño de alma gris que busca la muerte y el cielo.
Niño que desnuda toda mirada en la que descansen sus vacíos ojos, y deshacen los coloridos, todas las voluntades.
No necesitas buscar pretextos. No necesitas mirar el suelo. No necesitas morir por miedo.
Un pez que roba la carnada y no muerde el anzuelo aletea libre en el basto mar de los cielos .

María Virginia Finozzi

María Virginia Finozzi

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“Hija de un carnicero de pueblo Belén, me bautizaron María Virginia  mediando los 90′ cuando se dieron cuenta de que era mujer. No me enseñaron a tocar ningún instrumento, pero me obligaron a leer fuerte y claro alguna cosa importante, aunque yo prefería comer tierra. Hoy Montevideo me habita mientras fantaseo con el Poder Popular porque estoy convencida de que todos somos Otros (menos el cerdo burgués). Viva aquel capaz de articular Pueblo y Poesía”.

Editado 5/9/16

 

Carta a un padre

Para vos siempre fui un chiste
una niña boba
amarilla de mentiras
la insuficiencia del sexo marcada
desde las entrañas de ella
y no el primogénito imposible
que vendría a salvar tu tierra
de la partida de tu padre
y la despiadada de tu madre
el heredero de tus dominios
que no terminan de ser tuyos
que trascendería tu nombre
con un mérito fálico
a título de él.

Ella nunca quiso saber qué era
prefirió esperar a que me arrancaran
de cuajo de entre las babas de las mujeres
la única vez que entraste a una sala de parto
y la luz afuera se encendió
qué pena no?
La luz afuera se encendió
detrás del cartel que decía niña
todavía tengo la foto
que alguna tía habrá sacado
no niño
niño estaba opaco
como tu ilusión de padre inaugurado
niña barra niño
niña estaba resplandeciente
niño no niño no.

Tu negocio estaba frente a la escuela
pero cuando me entregaron el pabellón
no saliste a la vereda para ver
aprendí muy tarde a andar a caballo
ir al campo se me hacia insoportable
me aburría acompañarte al hipódromo
mucho más los remates
los jockeys y los pura sangre
cuando hacía de cajera
te faltaba plata al cerrar el día
porque nunca supe usar una caja registradora.

Con once años me creía linda
la tercera más linda de la clase
éramos quince alumnas
te pregunté a vos
me dijiste que era un siete.

Ya adolescente
qué tierna y qué imbécil
cuando era la hija más grande del agrio
me dijiste que tenías vergüenza de mí
porque hay
gentequehabla y cosasquesedicen
y me hablaste de dignidad
de dignidad.

Después todo se repitió por dos
pero bueno
ya estabas viejo y acostumbrado
y no había mucho que esperar
de un corazón negro y graso
así éramos nosotras
las cuatro
ella y nosotras
formábamos un bloque pesado
hasta el límite del hartazgo
y vos eras solo
pero omnipresente
y siempre omnipotente.

Veintiún años después
del episodio de las lucecitas
y ya apartada de vos y él
todavía busco tu aprobación
ante cuerpos desdeñosos
de tipos que creen
que podrían ser mujeres
mejor que yo
a los que me arrojo
desafiándome a mí misma
casi en un juego que no quiero jugar
pero al que me obligo
por capricho
y por gusto
pero no es fácil
por cada aborto me sangra la nariz.

I Wish I Was Him canta Kathleen Hanna
bueno no es que sienta celos de un niño no nacido
solo que fue Eva quien se equivocó
y fundó el pecado
y parió doliendo como duele ser puta
y desde ahí nos duelen cada puta que te parió
y ni así alcanza
ni todo el vino que tiñe mi entrepierna
ni todo el peso de arrastrar ese otro metido dentro
tu varoncito que no fui
todo no fue suficiente
y la náusea y el hastío te fundaron
hombre.

 

Divalproato de sodio o ácido valproico y el IRPF

No nos unía más que esa droga sintética
y hoy me hartan las quejas por impuestos
y los circunloquios que me dejan gusto a nada
¿el tabaco es una droga?
me exaspera lo rápido que se consume
y la gente que cuestiona gratis el uso de psicofármacos
y menciona el amor
el gusto el olor el aire caliente
me colman y te hacen holograma
mi garganta estaba desecha
mi estomago era una yaga
mi sangre se ponía pálida y liviana
mis defensas se aminoraban y se convertían en herpes
y cundo iba por la calle
me erosionaban los deseos de picarme en pedacitos
y deshacerme de mí
arrojándoselos a los hombres
que me cruzaban por al lado
todo eso me pasaba
cuando creía que te quería
antes del consumo.

 

Cuerpos como metáforas apuñaladas

Esto resulta más fácil de lo que pensé
hay una idea cristalinamente genial
dándose de cabeza en las paredes de mi mente
le prendería la luz
pero no alcanzo el interruptor
y no consigo pararme
poner los pies en la tierra
no voy a articularla en palabras
o hacerlo discurso con o sin lógica
porque nadie la va a escuchar
es tan jodidamente abstracta
y no se puede tocar
le voy a atar una piola al tobillo
y hacer que se concrete
ideas concretas fáciles transmisibles
abrazables como cuerpos
los gestos de la gente cuando se entiende
y se reconcilia y se abraza
y la piel también se comprende
y se hace tangible
a veces.

Lucas Rodríguez Berrospe

Lucas Rodríguez Berrospe

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“La ciudad de Montevideo me parió en otoño del 99. Alguien me ha contado que fue noche de tormenta. De chiquito me gustaban las artes plásticas y aún me gustan, pero la literatura y la música ganaron un vasto terreno en mi día a día. La poesía y la guitarra me han hecho conocer gente, pero aún así, me considero una persona bastante solitaria.

Suelo disfrutar de esa condición pues soy un simple observador”.

Editado: 22/8/2016

 

Balas perdidas.

Tú, yo, él, ella:
los seres que nos rodean.
Personas de carne y hueso,
hueso, carne y más.
La pobre suma de tantos
antepasados olvidados.
La pobre suma de tantos
logros festejados.
La pobre suma de tantos
fracasos maquillados.
Un minúsculo grano de arena
en la playa de nuestro planeta.
Una minúscula pieza
de la maquinaria global.
Raros que condenan la rareza,
constructores que destruyen,
amantes que no aman,
lectores que no leen,
pensantes que no piensan.
Humanos digitalizados…
Un estado de Facebook
con cien me gusta
que no se entiende un carajo.
El camino de ida y de vuelta
es exactamente el mismo.
Nada es tal como piensas,
no todo es tan real.
Somos esencia,
verdades y mentiras.
Seres abstractos
y balas perdidas.

 

Conversación de un loco con el loco de sí mismo

Yo estoy loco,
pero tú…
Tú estás más loco.
¿Quién está más loco?
¿El loco…
O el loco que sigue al loco?
¿Para qué me seguiste?
¡PELOTUDO!

Sabías que lo íbamos a matar,
que lo íbamos a cortar en pedazos.
Yo iré en cana
pero te llevaré conmigo.
Eres mi cómplice…
Te jodiste.

¡SÉ QUIEN ERES!

No eres más que una versión falsa,
una versión falsa de mí mismo.
Te manipulé.
¿Qué más querías que hiciera?
No podía seguir pensando y pensando
debía matar a ese hijo de puta
y mi único obstáculo eras vos.

¡SÍ, VOS!

Ese que me habla
cuando me veo al espejo,
el que intenta aconsejarme
dentro de mi cerebro…
¿Quién más?
Nadie más,
nadie más.

¡NADIE MÁS QUE MI OTRO YO!

 

Charla y nada más

Allí sentados, debajo del árbol,
la música no es más que un susurro.
Las palabras flotan de una boca a otra
como la brisa que sacude tu cabello.
A nuestras espaldas, un concierto culmina.
La gente comienza a partir a sus casas
a la par que lo hacemos nosotros.

La caminata con bocinazos de fondo
no podrá cortar la profunda charla.
Una charla que te vuela la cabeza,
que te hace danzar junto a la Luna.
Esa que ilumina nuestro pequeño momento.

Una mesa y un par de tazas de café,
para luego volver a las calles.
Para mirarte a los ojos,
para despedirme una vez más,
luego de que no sucediera nada,
y a su vez…
Sucediera tanto.

Soledad Marrero

Soledad Marrero

“Mis amígdalas grandes y porosas y yo fingimos saber hacer cosas desde 1997 donde arrancamos con nacer en Montevideo. Ahora nos tocó Ingeniería Química y esto. Nos gusta el art3 y andamos por un pueblito de Canelones”.

Editado: 11/7/2016

 

Pellejo

Se electrifica este mi cuero cabelludo
con el fuego estridente
que discurre entre tus piernas

se desliza la furia
degusta con tus nuevos colmillos
la pseudo-añeja epidermis
porque ni tanto tejido alcanza
para cubrir a la bestia

se agita la herida
y espero sea mentira
¡que al primer corte se le puede a uno salir las tripas!

abrazame el vientre
cuidado no desgarres
con tus manos filosas, enmarañadas
sarpullidas de miedo y querer

ya no acepto calumnias
espero la espontánea sutura
el deseo corrompe
mejor intoxicame, turbame el alma
que no quiero quedar otra vez
a mitad de un estornudo

 

Andá

andá a saber por qué
por qué será que
la lluvia escupe
por qué será que
el viento masca el aire, mi pelo
el gallo grita
y el sol estampa, rojizo indeleble
la noche es tácita, oscura y lóbrega
la naranja ardiente, suplicando mancha
la flor ajada, cruje y llora

y por qué tus dientes hieren
mientras mis ojos abren

 

Denuncia

no supiste avisarme
que aquella era la hora
que era momento
de escapar
y entonces me quedé
sentada
en el techo
esperando
que papá noel exista
pero no volviste
ni en las horas en par
ni en los años bisiestos
y en este oscuro cuarto
mis manos
no hacen más
que exprimir minutos
porque el rocío ya no cae
en los palacios
que ahora llevan tu nombre
por el aire el fuego escapa
mientras
edificios estrangulan mis estrellas
las que me dejaste
qué lastima
no supiste avisar
qué podía ser sin vos

Marcel Machado

Marcel Machado

“Fui ideado en el norte y nací en el Uruguay de 1996, pero cuando leí Filosofía de la liberación me tramé desde 1876. Estoy falseando a Virgilio en el borde de un jardín y haciéndome matar por las lanzas de Turno entre las sombras del Lacio”.

Fecha de editado: 28/6/2016

Ratatösk

 “Fuerza o principio impar y asimétrico que rige desde la superficie del fresno Yggdrasil”.

Imaginemos colores que avivan una mascarada infinita. Imaginemos dementes, eunucos y meretrices viejas, todos zapateando torpemente bajo la luna boba. Los juglares locos rasgando las cuerdas ásperas del laúd y del tiempo. Faltos del bien de la lógica y sin caras, ¿puede Él predecir el bailoteo de estos bárbaros?

Toda vida finita es la partida del ajedrez librado entre Él y los hombres. La mente convierte cada pieza etérea en peón, también torna cada movimiento tan evidente como la sucesión de sus siete días. Frente a Su Omnisciencia –pues Él hizo carne del verbo, y pensó el conocimiento, y Su voluntad es absoluta –, sólo son dignos de un redentor los movimientos azarosos.

El pensamiento y la mente son el yugo y el corral de Dios. Cada acción fundada en la razón converge en la extensión de Su psique, de la que se diverge el cosmos. Toda reflexión es la sierva de Dios. Esta es una de las contadas verdades que ella aceptó desde un principio.

Por ende, se advierte como el resultado de lo fortuito y lo impredecible. Baladí es desear entender cómo trama su rapsódica mente. La arbitraria mano del azar que trasciende a los dioses, al decrépito tiempo y al espacio adyacente es su única guía. Camina ciega bajo la sombra perenne porque la luz es Su ojo.

Vencer. Reinar sin ser reina. Desaparecer. El sueño de un mundo de cuadrados blancos y negros en el que las torres, los caballos, los alfiles y la dulce reina duermen. Ella y Dios son los únicos reyes que se erigen sobre el tablero y sus laberintos.

 

Los adversarios

 ¿Qué exégesis puede,
cifrar tu osamenta y la mía?
De Dios es el anatema que debe,
dejar una muda vacía.

Se duplican los miasmas,
de esta ficción que es el otro.
De los suyos, acalias
de tu zenith, ya roto.

Su nadir es el eje
De esta feral simetría.
¿Qué voz teje este sueño,
de siglos y esfera roída?

 

Dafne Roja

“Bailoteemos bajo el Rey desplomado alrededor de este gris estéril. Vals colorido, ennegreciendo los luceros y arrancándoles sus vibrantes colores. Obsequio a los restos de la Creadora”.

Érase una vez un ideal y no un hombre. O talvez sí había sido hombre alguna vez, mas no uno terminado, pues su nacimiento significó la pira de un mundo brillante. Tal ideal brotó de entre las flores pintadas de diciembre y anheló la cálida primavera de abril.

Detrás de su silueta se dibujaba una estela de pliegues blancos, orquídeas derramadas en el perfil de la luna. Yermas, destinadas a morir. Y así se habría diluido en el tiempo si la Segadora Roja no hubiese regado sus mortecinos pétalos.

La conoció y se embriagó de ella, aprisionándose en sus tejidos de carmín; la euforia  hizo del ideal un hombre. La orquídea y el clavel se fundieron y de ellos brotaron las ficticias gerberas, girasoles, hortensias, azulejos, violas, orquídeas negras, y por último, las rosas. Él sintió consuelo, pues ya no debía marchar por un infinito sin flores.

Eloísa Avoletta

Eloísa Avoletta

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Soy Eloísa, aunque estoy casi segura de que no soy yo la que escribe. Una canción que escuché una vez, mis amigos y la señora que vendía caramelos en la puerta de la escuela 166 seguro tienen más que ver en todo esto. Empecé a querer nacer el 6 de noviembre del 1995, mientras había sequía en Montevideo y jugaba Peñarol.

Fecha de edición: 13/6/16

Sismo

Me tumbo
Ante lo que nunca podré decir
Absorta de que aún exista sal en este cuerpo maltratado
¿A que no sabíamos nombrar aquella roca hace cien mil años?
Y ella era roca en cada fibra pétrea
Se dijo roca hasta que alguien la escuchó y le dijo “roca”
Hasta que el mar silencioso fue desmoronando su entereza y la volvió arena
Como ella me desarmo
Me tumbo
En la tierra
Tan quieta
Tan emergente
Tan de todos
los colores
Que me siento
Y soy
Paisaje latiendo
Sumergido en sus ecos propios
en todos los ecos nuestros

Barro

El ritmo jabonoso de los puños de una abuela resfregándose contra la pileta. Estrujando y estirando telas mojadas, aireándolas, volviéndolas a embadurnar, abriendo y cerrando la canilla del porche que da al patio. La abuela se moja las manos, percute contra lo percudido, llenando el aire de una pasta burbujeante y cíclica. Mi abuela se arruga al sol, en medio de la tarde de las chicharras alarmadas. Deja correr un poco el agua y el tiempo.

 

Borborritmia

Al final
Sos un espejo
Todo
el otro
Es superficie pulida
donde verter los caldos
de nuestras entrañas
Nuestras entrañas
se parecen tanto
Al final

Agustín Torres

Agustín Torres

“Dicen que nací en Montevideo en 1996, pero a veces me siento más viejo. Estudio Psicología. Me gustan los gatos y las incoherencias. Tengo un amigo al que le decimos el Cacerola y se está transformando de a poco en algo así como una religión”

Fecha de edición: 30/5/16

Julio Nº1

No sé Julio, te digo, Erika es un caos.
Pero es el caos más hermoso del que nunca fui parte,
el caos más natural.
Los auriculares,
por poner un ejemplo banal y ridículo,
sin ella no habría música después del nudo.
Y ni te digo el nudo que soy cuando la veo sonreír.
¡Cómo me enreda esa curva Julio!
De ella procede mi vergonzosa relación
con el rojo vivo en mis mejillas
cada vez que estamos cerca,
y su mano
¡Dios nos libre Julio!,
su mano camina desnuda
por las calles aledañas a la mía.

 

Intercambiador

El Otoño quizás
de forma oculta
sea tan sólo
un intercambio de hojas.
Estas viajarían
árbol por árbol
contándose quién sabe
qué secretos
de plaza y esquina,
reviviendo los encuentros
y también
desencuentros
de los que fueron testigos.
O quizás,
quizás se trate de esto último:
de dejarlo ir volando todo
una hoja a la vez
para sobrevivir este invierno
o bien
para dejarse morir en la vereda.

 

Julio Nº3

Yo qué sé Julio
a veces siento
que ya sentí
que ya probé
todo lo que podía
y que la vida va a seguir
como una simple réplica
de los instantes anteriores,
es decir que nada va a volver
-y tampoco sé bien
si quiero que algo vuelva-
a sentirse de forma original.
Un libro,
por poner un ejemplo,
sólo se puede leer,
sólo se puede sentir
de forma verdadera
una única vez.
Lo demás es matar la ilusión
de todos los finales
que nunca llegarían,
lo demás es cerrar el libro,
el más allá de los demases.
Es releer.
¿Y qué seguridad puedo tener
de que todo esto,
es decir la vida,
no es más que una simple relectura?
Quizá
un libro de cuentos.
O quizá
una historia de terror.