Bruno Acevedo Quevedo

Bruno Acevedo Quevedo

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“Hace 19 años que me llamo Bruno. Últimamente está apareciendo un patrón raro de colores en mi vida y tengo senos preauriculares. Hago teatro. Me siento bien cuando escribo”.

Fecha de nacimiento: 15/12/1997
Lugar de residencia: Montevideo
Fecha de edición: 12/06/2017


Feliz cumpleaños Tres tres tres vestidos tres velitas tres deseos Globos torta escones la cuchilla no corta papá no está viene la tía gorda El congelador está lleno Hay escones de queso La tía no para de comer están rellenos de veneno Tres tres tres kilos de fiambre tres velitas tres deseos Picar sangre sazonar carne hornear tripas pelo quemado ¡Le corté el pito! La tía en casa papá en casa la nena juega mamá trabaja Leche pesón semen huevos ¡Le corté el pito! La policía llega mamá llora la tía vomita fiambre hay de sobra.


Sin nombre

I
Y jugando a la escondida
se perdieron
sin dejar rastro alguno
y cuando los encontré con mi linterna
no habían más velas
la cera estaba derretida
había manchado el suelo
de blanco
y un poco de rojo

II
El día que planté limones
nacieron naranjas
Porque son más ricas
y dulces
que tu lengua
llena de veneno
que se come mi cuerpo
cuando tiene hambre de putos

III
Buscando fotos en mi celular
encontré una tuya
me partió el corazón
la borré
Y por un segundo
no exististe más
solo yo tenía esa foto
Y por un segundo
no exististe más

IV
No hago nada
no escribo nada
me paso todo el día acostado
pensando
y es necesario
a veces
pero cuando se vuelve rutina
me hundo y el colchón me traga
me asfixia
y me grita que no hago nada
que no escribo nada
y que me paso todo el día acostado.


Miriam

Voy a cortar con esta relación que me enferma
voy a cortar nuestras fotos
voy a apuñalarte por haber derramado esperma
en el vestido corto de otra mujer

Que no te amaba
que no te esperaba

Voy a cortar tu almohada de plumas
y voy a cortar nuestras sábanas
con mi cuchilla, hembra
te voy a hacer pedazos y te voy a comer

Y voy a sentir lo que es probar un macho
la carne dura
el sabor agrio
el gusto amargo de tu ser.

Bárbara Pan

Bárbara Pan

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“Soy Bárbara Pan, o eso me contaron. Ya viví dos décadas y como poeta soy buena cocinera. Sigo pensando que todo va a estar mejor eventualmente. Me gustan los búhos y las conspiraciones. También soy hater del ananá”.

Fecha de nacimiento: 20/10/1996
Lugar de residencia: Ciudad de la Costa (Canelones)
Fecha de edición: 28/4/2017

CREACION

La miré sonriente.
Ella me devolvió la sonrisa de manera ingenua.
Su ignorancia alimentaba mi maldad, la potenciaba:
era mi rata atrapada entre cuatro cristales.

Estiró su mano por sobre la mesa, la tomé.
Estaba increíblemente tibia al tacto;
viva, latente sobre la mía.

Formábanse entonces aureolas rojas en las mejillas
y danzaba en su cara una sonrisa boba.
Finalmente bajó sus ojos brillantes desde mi tez
hacia la taza que descansaba sobre la mesa.
Ordinaria junto a todos los otros elementos,
y sin embargo la verdadera protagonista de la escena.

El líquido traidor esperaba para ser bebido.
Sostuvo la taza con la otra mano y la elevó a sus labios.
Yo casi no podía controlar mi euforia interna:
me temblaban las manos,
se me tensaba el cuerpo mientras la observaba beber.
Parecía darle delicados besos al tomar,
besos de muerte.
Tragó el líquido, lo tragó.

El veneno comenzaba a esparcirse por su cuerpo;
corría por sus venas apoderándose de todo lo vital, contaminándolo.
Ni satán sentiría el placer que estaba sintiendo yo ahora.

Su expresión cambió en menos de un minuto:
las cejas se fruncieron, la cara se agrió:
la mano tembló un instante
y dejó caer la taza que se hizo añicos contra el suelo.
Ella soltó mi mano bruscamente y la direccionó a su cuello.

En ese momento el color se le fue de la cara, las palabras no le salían de la boca,
como si tuviera la garganta obstruida por un líquido espeso.
Sus ojos horrorizados me miraron con un dejo de comprensión;
lo último que iba a ver era mi expresión de triunfo.

Una risa se escapó de mi garganta
como si estuviera atrapada, luchando por salir.
Esto era perfecto. ¡Perfecto!
Quería pedir mi ayuda. ¿Mi ayuda?
Le devolví la mirada con todo el desprecio que sentía,
Ese que había permanecido oculto durante tantos meses,
mantenido a raya para llevar a cabo mis intenciones.

Agarrándose fuertemente el cuello intentó pararse,
arrastrándose junto al mantel, naufragó.
Comenzó a arrastrarse contra el piso de madera,
como si fuera un gran gusano moribundo.

Yo la observaba con deliciosa morbosidad.
¡Ah, los placeres de la vida!
Su pérdida de vitalidad hacía las delicias de mi maligna satisfacción.
La fuerza la abandonaba poco a poco.
¡Cuán eficaz el veneno!
¡Cuán justo el tiempo!

Hacía unos minutos tenía el brillo de la vida en los ojos, las mejillas sonrosadas.
Hacía unos minutos se sentía protegida conmigo como en ningún otro lugar del mundo.
Hacía unos minutos su destino era una hoja impoluta lista para ser escrita.
Me paré y caminé unos pasos hacia ella.
Ya no podía avanzar.
Miró mis pies y subió la mirada débilmente hacia mi cara.
La expresión de sus ojos vidriosos se congeló para siempre
y sus manos aflojaron el agarre para caer flácidas contra el piso.

Respiré hondo y reí un poco más,
prendí un cigarrillo y contemplé el cuerpo inmóvil.
Acaricié con mis ojos el cadáver que yacía junto a mis pies.
Fascinado la contemplé con el encanto de un artista que contempla su mejor creación.

Mírame

Tengo un agujero negro en el pecho.
Los demás no lo pueden ver, pero está ahí,
creciendo periódicamente.
Es oscuro como una noche sin luna ni estrellas,
es profundo como un aljibe y huele como un cadáver en descomposición.

Cuando alguien se sienta a mi lado suelo imaginar
¿qué ocurriría si le enseñara ese hueco gigante
que ocupa mi tórax?
¿Sería invadido por el desconcierto? ¿El espanto? ¿El asco?
¿Qué gesto de rechazo dominaría su expresión?

Jamás mostré el agujero negro a nadie. A nadie le interesa.
Ese hueco se agranda de a poco,
un día habrá más agujero que persona
y seré efectivamente invisible.

Mi cara se pudre.
En algún momento me importó ser hermosa,
ahora me descompongo y nadie lo nota.
Muerta, camino entre los vivos. Pero los vivos no me ven,
todos van por la calle con un objetivo,
un lugar al que llegan tarde.

Camino rígida mi propia marcha fúnebre
llevando como única comitiva los olores putrefactos que desprendo,
diversos perfumes dulces y agrios
que los transeúntes notan un instante

Mis ojos saltones y sin brillo se han vuelto tristes
coronan unos pómulos huesudos con la piel pegada al hueso.
Los gusanos se mueven en mi interior pero casi no los siento.
Mi cabello se encrespó y mis uñas están quebradas.
Pero no lo ven.

El día de hoy está particularmente gris.
La gente teme que empiece a llover y carga abrigos pesados o paraguas.
Miran el enorme techo que es el cielo con mucho disgusto y niegan con
la cabeza, como desaprobando lo que el día tiene para ofrecerles.

El tránsito no está muy fluido y el sonido del murmullo es opacado
por los bocinazos o los gritos de los furiosos conductores.
Yo sigo caminando con la vista perdida y las extremidades tontas.
Unas mil almas pasaron a mi lado.
Siguen sin verme.
No tengo dónde ir, no hay apuro.

Una brisa congelada pasa entre los cuerpos,
entre la gente que se atropella entre sí
afanosos por cumplir las reglas de Cronos.
Chocando hombros, pisando pies ajenos sin volver la vista atrás.

Pensaba,
estaba pensado:
algo cambió.
Levanté la cabeza, no supe bien por qué.
Fue como una orden, una fuerza superior, como si fuera
un títere y mi titiritero hubiera jalado la cuerda de mi cuello.

Te vi de pronto. Estabas ahí. Caminando entre las personas.
No sentí nada. No era nada. Yo no podía sentir.
Pero las lombrices se alborotaron.
Ibas esquivando codazos sin ver.
No destacabas. Pero te vi,
faltaban dos metros para que llegaras.
Abrí la boca. No había palabras que salieran de ese hueco ordinario.

Un pinchazo en mi estómago fue el génesis de una red de nervios
despertando de un largo sueño.
Sentir. Pude sentir. Muy de pronto y muy despacio,
nunca supe cómo ni qué relación tenía eso con el particular transeúnte.
Mis manos hormigueaban. Intenté moverlas. Costaba demasiado,
el brazo pesaba como si de cemento fuera, pero la voluntad
y la razón poco a poco inundaban mi cerebro podrido.

Los gusanos se estaban molestando. Los gusanos podían sentir que ya no era suya,
se removieron molestos: “eres nuestra”,
podía sentir que decían al moverse y aferrarse a mis entrañas.
Faltaba un metro para que llegaras a mí
y tus ojos oscuros y brillantes se chocaron un instante con
los míos, opacos y apagados.

Ya había levantado mi brazo. Un paso más,
un paso más y te iba a tocar, te quería tocar.
Con mucho esfuerzo abrí la boca.
No sabía que iba a decir,
no tenía fuerza ni ideas.

Diste el paso, te toqué…
Y de la nada me deshice en miles de pedazos,
de gusanos, tripas, huesos y podredumbre, mal olor,
manché las caras de todos y todas.
Me esparcí por sus trajes perfectos e impolutos,
sus caras sorprendidas y horrorizadas se llenaron de mí.
Y solo me desarmé para no volverme a armar jamás.

La gente por primera vez me vio.

Bocanadas (fragmento)

1.-

En tus labios había un cigarro.
En los míos palabras nunca dichas.
Me atravesaste con tus dedos flacos
como si fueran cuchillos filosos para mis costillas.
Y me arrancaste el corazón.
Y te lo comiste a bocados
sin despegar los ojos salvajes de mí.
Desgarrando músculo y riendo miradas.
Pero seguí viviendo.

Sofía Borges

Sofía Borges

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“No soy Sofía, no estudio danza ni batería. No soy fotógrafa. No tengo un vínculo extraño con el sillón. Me encantan las mesas. ¿Quién es Peñarol? Nunca voy a bares ni a teatros. No Darnauchans, no Pablito Lescano. -Nada told me nobody-. Soy Jaime Roos sin cabeza porque Palermo. No”.

Fecha de nacimiento: 09/06/1997
Lugar de residencia: Montevideo // Maldonado
Fecha de editada: 17/5/2017

Vamo’ al Clash

Los tatuajes se guiñan,
se levantan y apuntan.
Pantalones de maldad,
se paran y miran,
se plantan,
se repiten las escalas.
Ruedan caravanas por Aquiles Lanza.

Me sale pop por los poros,
hay una anémona en mi garganta,
Paula,
hay una anémona en mi pollera,
me sale pop por los poros.
¡Marcos, hay una anémona en mi vaso!

Tengo una anémona atravesada en la garganta
y hay una liebre en mi jardín.
Un pegotín de Jaime encandila
y juega al pool con Patti Smith.

Se revuelcan los afiches pop,
se enredan las palabras pop,
se acarician los graffitis pop.

Las enredaderas nocturnas
van al Clash,
se pierden entre artistas con H
y punks sin cresta.
Y yo…
tengo una anémona atravesada en la garganta
y me sale pop por los poros.

Cabecita de nido

Un nido de hornero se cayó,
se salió de tu testa
y está en mi patio mirándonos.

Me mordiste las costillas,
caminaste otro colchón.

Encontré dendritas asustadas
que pasean en el balcón,
juegan con fantasmas enredados,
bailan en el sillón.

Probaste mi pie y te gustó,
nos miramos de a ratos
y otras veces no.

Hay lunares con gusto a kiwi,
y cuellos de queso Provolone.
Estoy enamorada de tus células
pero no de vos.

Apología a la vuelta

No vino la murga,
tampoco es carnaval.
No nos gustan las ratas
porque no saben nadar.

Cabecita de nido,
¿quién carajo te dejó entrar?
Calles con olor a post punk,
psicodelia de lobos
y aullidos de serpientes.

Parado entre los monstruos
que se asustan y no se van,
te escucho entre tanta gente
y nadie sabe que estoy acá.

Cabecita de nido,
yo sé dónde estás.

Paula De León

Paula De León

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“Me llamo Paula, escribo y borro. Todo lo que lean a continuación es mentira, es mentira”.

Fecha de nacimiento: 4/5/1996
Lugar de residencia: Montevideo / Maldonado
Fecha de edición: 3/5/2017

1.

Idea me aprieta las venas
me tranca el oxígeno
me deja en silencio

Idea y todas las mujeres
que inefablemente
lloran al azar
una esperanza tardía
un corazón desolado
un terrible andar.

Andar repleto de miedo
repleto de ansias
repleto de angustias.

Porque la mujer no sabe
no cuenta
no habla
no levanta la mirada.

Porque la mujer no grita
no silba
no eructa
no nada.

La mujer canta bajito
canta sensible
canta agudito.

La mujer escupe humanos
humanos de su cuerpo
y salen caminando;
humanos de su cuerpo
con un esqueleto
y un cerebro.

La mujer deja crecer su pelo,
o no
la mujer deja observar sus curvas,
o no.

La mujer es todo eso que yo no sé describir
y que aun siendo mujer
es todo eso que tampoco sé ser.

Porque a la MUJER la inventaron
a ojo y semejanza,
al juego del opresor.

Y la mujer es solo eso,
una mujer
muchas carnes y muchos huesos,
brillando
esperando
brillar otra vez.

La mujer es todo eso
que yo no sé escribir
porque no existe palabra semejante
sinónimo ambulante
que la pueda describir
y ajustar.
Nuevamente
a ojo y semejanza
de una oprimida
que quiere brillar
brillar
brillar otra vez.

Como una mujer
brillar
como un hombre
brillar
como un homo sapiens
brillar.

Y de tanto brillar
darnos contra una pared
porque tenemos ojos que se encandilan.

2.

Cuando llueve
los peces
salen del agua a caminar.

Tropiezan con paraguas,
buscan una ducha donde respirar.

Caminan por las calles
dejando al otro alucinar,
viajan por el tiempo
aplauden las letras de los demás.

Los peces cuando llueve
salen del agua a caminar
se encuentran con mujeres
que no saben afrontar.

Los niños siempre los quieren tocar.

3.

A su manera
movían piedras
quemaban piernas
ardían venas.

A su manera
volvía renga
ansia de guerras
volada y plena.

Un viejo triste
cansado y puro
camina oscuro
por el cordón.

Mientras la vida
espera, linda
espera, sola

mecida en el sillón.

María José Mendoza

María José Mendoza

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“Nací y vivo en Dolores, mis padres me dieron el nombre de la puta y del cornudo, y no creo en las coincidencias”.

Fecha de nacimiento: 28/12/1996
Lugar de residencia: Dolores (Soriano)
Fecha de edición: 17/4/2017

Una

Las manos rotas,
partidas,
imaginan
un rostro desfigurado,
casi transparente,
calmo.
Debajo de los ojos:
océanos oscuros,
marcos instantáneos
de negación
en noches derretidas
que en la gota salada
sólo duran un instante.

Oreja de conejo

Llora
la sombra
de los rayos de luz

se esconde
tras el velo
el odio a las mujeres

que entrecierran los ojos
al verse en los espejos
mientras

las orejas de conejo cuelgan

cuelgan

cuelgan

se mecen
al viento
como perlas en los paraísos

en los patios
en el borde vacío
en los pasillos

desiertos
la música desagradable-
mente-miente-sincera

orejas de conejo
sucias
libres-mentiras-que asfixian

y aún
tenés
la decadente decencia

de esperar
a que caiga
de tu cielo raso podrido

una estúpida oreja de conejo

que te alimente
que te escuche
que te abrigue

Travesti

Cuando el viento haga temblar el pasto y haga que los tallos titubeen en lo efímero de su existencia; cuando la voz de los buitres me rodee y el puño enfermizo consagrado de moretones viejos se tense, se congele en ira; cuando el negro redundante de los extraviados y las hormigas, con sus almas derretidas, licuen la mente al natural; cuando el grito de violencia confundida en el amor oriente los platos hacia el suelo; cuando las tripas transvestidas de fantasía lleven ruidos de aire vacío; cuando el filo entre la demencia, la paz, el orgullo y la estupidez se llene de mi sangre; cuando tus ojos de perro enfermo me rehúyan el saludo amable; cuando las ratas caminen por mi vientre, encima del hijo nunca jamás nato; cuando esas mismas ratas caminen sobre tus párpados, vas a darte cuenta que hay que fingir hasta para morirse.

Cecilia González Zumar

Cecilia González Zumar

Foto

“Me llamo Cecilia, nací un 15 de octubre pero de 1996. Soy feminista, hago ballet, estudio psicología. Fan de los sentimientos, del pelo por arriba de los hombros, del color amarillo, de Buenos muchachos y de Cortázar. Estoy convencida de que sobrarán formas de expresarse y de que siempre va a estar todo más o menos bien, sí”.

Fecha de nacimiento: 15/10/1996
Lugar de residencia: Montevideo
Fecha de edición: 3/4/2017

 

Resplandeciente

A veces las agujas del reloj empiezan a correr
y los pies dejan de moverse reiteradas veces
y la conciencia ya no se burla tanto
de que pensemos mucho y entendamos poco.

No sé ser de muchas maneras,
o no sé ser de pocas ideas.
A veces algunos sueños entienden de realidad
y se mezclan con la existencia,
y después desaparecen.
Algunos momentos saben de espirales.

Cuando las luces se reflejan en el mar
vos vas a ver en mis ojos espejos y sonidos
y mi cuerpo va a flotar por encima de las nubes.
Después voy a sentarme al lado de los pensamientos
(ahí donde estás vos).

Cuando comience esta función
espero estar descalza para sentir
como cuando siento el piso frío
o como cuando huelo la tierra mojada.
Yo no me voy a ir a mi casa en este viento
porque las preguntas son curiosas y hermosas.

Los enredos se desataron un día:
comienzan a caminar
los nudos que ya no son nudos,
que ahora son aire,
si es que al aire se lo entiende como caricia,
si es que entender miradas es un don
y que por ahí voy yo.

Ordené algunos espacios que no sabían
si estar vacíos u ocupados
y los senté para hablarles.
Les expliqué como eran algunas cosas,
me las expliqué.
Creo que entendimos
y nos dimos un apretado abrazo,
me di el momento y el silencio.

Apoyé la cabeza en la almohada,
aliviada,
canté bajito una canción
que no tenía nada que ver conmigo
pero que por algo me rechinaba tanto
en la mente.
La melodía era suave y las palabras contundentes,
como el vapor que se expande
y esas palabras indiscretas que quería oír.

Pero la almohada aliviada
y mi cabeza no tan cansada…

Ahora estoy andando por algún lugar
desconocido pero no tan aterrador,
haciendo caminos que siguen sus espirales,
o no.

 

Percibir un horizonte

Algunas penas que piden pido
y comienzan sus clases de llanto
con torpeza y dedicación.

Algunas espinas, tal vez,
curen y sanen heridas
heridas de melancolía
y de casi dolor reciente.

Yo dejo caer este mar
de lágrimas que nace por dentro
mientras tanto a vos te da miedo llorar.

Pero voy a hacer la plancha en el aire
mientras te espero,
en alguna cima,
en alguna mirada.

Y destaco de la pausa
muchas avenidas que no se notan
y no se erizan al verte.

Esa mirada que penetra
libremente,
como tus letras y tus pensamientos

que vuelan como vos,
como tus agonías,
como tus ideas
y tus noches oscuras llenas de lunas
de relámpagos
pero de lunas.

 

Paraguas invertido

como cuando algunas razones no tienen tanto sentido
o se escapan de sus límites determinados pero existen.
como cuando entendés pero te arrollás para no afrontar.
siento ese espacio cruel que detecta pedacitos de vacío,
se sumerge en estantes no tan cubiertos
pero se expanden en las comisuras de tus labios.
no estás a salvo y te percibís como un extraño
y si despertás de madrugada y los pensamientos son otros:
son murallas que se derrumban, pero tus miedos.
qué son otra vez los miedos si ya fluyen
y escapo hasta tu puerta que espera como sentada.
no voy a decir que no necesito el color de algún atardecer
si lo hace todo tan aire, tan suave, tan corredizo, tan amarillo.
y después pensé que tal vez te preste mi paraguas con lunares
para que te cubra de todos los males (menos de la lluvia).
menos de esta lluvia que te salva del por qué.

Mylène Lacrampe

Mylène Lacrampe

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Me llamo Mylène y siempre fue complicación un nombre belga. Soy fotógrafa y me ven merodeando lugares, generalmente con un párpado medio dormido y riéndome de lo que dice Rodrigo Lima. Hice mucho y concreté algo. Estudié Comunicaciones. También griego, francés, catalán y alemán. No sé por qué, si total me gusta el arte. Me tomo muy enserio mi luna en Escorpio. Escribo puros galimatías.

Fecha de nacimiento: 11/5/1998
Lugar de nacimiento: Montevideo
Lugar de residencia: Montevideo


escoliosis

            en el fuerte rechinar
           de tu pecho latente
          se hunde mi ansiedad
         ¡tristes serán las respuestas!
        
       duermo entre las botellas
      vos estabas loca de llanto
     y en el instante en que se fue
    lo que arde ya no es pasión
   lo que arde ahora es la muerte

 se despegan los discos que alguna vez
concretaban mi columna. trabajo día y 
luna escribiéndote cartas (nunca llegarán)
 por más que intente que no, la protagonista de los
  libros sigue teniendo tus grandes ojos verdes

   ¡un pozol caliente potente capaz de matarme!
    bebida que trabaja cociendo mi estómago
     mi cuerpo herido se recuesta bajo las lluvias
      ¿por qué las sirenas se siguen ocultando
        y sólo las logro ver en las noches de tormenta?

         qué lindo bailarte, qué lindo beberte
          tomarte suavemente tu piel para después
           llenarte de graves intentos de mortificarte

         mi pequeño hijo mama leche de mi pecho
        su padre no entiende este íntimo dolor
       que llevo desde el soplo de una mirada
      y derivó a este amasijo de niebla y borrasca

    sólo queda un silencio sórdido
  del cuchillo de acero afilado
 que acalló la voz que repetía
que tus ojos verdes seguían
en todos los libros que leía

2.

Cervatillo del arroyo
¡Corre rápido!
La niebla que llega
anuncia la noche helada.

Cervatillo del arroyo
¡Corre rápido!
No dejes que te atrape.
La leche y su fragancia no debe enamorarte
pues no es para ti,

Cervatillo del arroyo
¡Corre antes de que te atrape!
Escóndete en los árboles
¡No te caigas y corre!
Que la noche trae espesos recuerdos
de vida humana.

Cervatillo del arroyo
perdona por hacerte ser persona
antes de volverte animal.
Ahora ¡corre rápido!
La luz de la luna ya no se ve.

Cervatillo del arroyo
ahora extraño tenerte en mi pecho
pero la fragante leche no era para ti
¡Corre de mí, animal!
Sálvate en tu naturaleza.

¡Escapa, corre rápido!
No será que vuelvas a ser humano
durmiendo en mi pecho
otra vez.

Los clavos de la planta de mi pie me niegan el paso

El espejo me devuelve la imagen de un cuerpo femenino, de muslos y pechos grandes, espalda pequeña y piernas largas.
Existe un velo vulnerable color blanco que me rodea la silueta.
Parece que no me libro de la esencia y la voz quebradiza.

Un archipiélago que se inunda.

Es cierto que lloré en el último orgasmo, es cierto que miro películas que logran hacerme llorar al pensarlas, es cierto que me apago de la nada en mitad de la algarabía y en eso, suelo lagrimear. Todo eso es cierto.

Vivo en el intento creativo del experimento que nunca sé cuál será. El riesgo a veces inconveniente. El despilfarro emocional. La ansiedad que recorre mi estómago sólo para disimular que en cualquier segundo todo lo ingerido no digerido saldrá por mi boca de la forma más dolorosa posible. “Y llorarás mientras ocurre”, me amenaza. Dura la vida de una mariposa, pero el aleteo de ella compuso secuelas. Es cierto: estoy preocupada de algo que no existe.
Si ya la bolsa de muertos la quemé en el parrillero, si ya no existe rastro fantasmal de la anorexia adolescente, si ya cumplí los deberes y enceré el piso. Regué las plantas y bailé con mi hermana, si logré lo que quisiste, al final. ¿Por qué no logré que me quisieras?

Y ya, me duelen los pies, tengo clavos martillando la carne nerviosa.
Aún avanzo en silencio, como el felino en su casa, recorro los puntos del mapa. Y la ansiedad de confirmar algo que ya sé. Algo que me revuelve.
Y es cierto, lo lloro como si al final la culpa la tuviera yo. Porque es cierto.
No quise volver a caer
Pero al final mis letras se dirigen a vos
Inconsciente
Mensamente consciente

Y sueño la puerta de tu casa enfrente mío
Y te juro que quiero entrar
Y sabernos riéndonos
Y saborearnos queriéndonos
Pero los clavos de la planta de mi pie me niegan el paso