En el camino de los perros. Antología crítica de poesía uruguaya ultrajoven

CAMINO-DE-LOS-PERROS_tapa_WEB

 

En el camino de los perros, antología crítica de poesía uruguaya ultrajoven reúne los textos de veintiséis autores uruguayos menores de veintitrés años, presentando una pequeña muestra de cada uno junto a un breve ensayo crítico sobre su obra a cargo de docentes, críticos y escritores de referencia.

La selección parte del trabajo realizado por el proyecto En el camino de los perros, que edita virtualmente, desde 2015, a un poeta de entre quince y veinte años cada dos semanas, además de realizar un ciclo mensual de lecturas en Montevideo y generar, mediante talleres en liceos, eventos literarios y un seguimiento personalizado de los adolescentes y jóvenes involucrados, una instancia educativa sin precedentes en el campo de la literatura uruguaya.

Todos los poetas aquí presentes participaron de la plataforma virtual En el camino de los perros entre los años 2015 y 2016. La mayoría de ellos participó también de recitales y eventos poéticos organizados o coordinados por el colectivo. Este libro constituye la fotografía crítica de un conjunto de autores que han irrumpido de manera organizada en el mundo literario uruguayo en los últimos tres años, y debe ser pensado como parte de un presente poético heterogéneo, dinámico y lleno de posibilidades.

 

Compra: http://estuarioeditora.com/libros/en-el-camino-de-los-perros/

Anuncios

1er encuentro/2018 “En el camino de los perros”

El martes 17 de abril se realizó el primer encuentro del año de “En el camino de los perros” en Verde Restopub. Proyecto seleccionado por los Fondos de Iniciativas Juveniles (INJU/MIDES) 2017.

Lecturas:
Agustina Cabrera
Ailín Curbelo
Valentina Dos Santos
Florencia Larrosa
Florencia Bragunde

Cierre musical:
Nahuel Hernández

Se realizó también una nueva presentación del libro de uno de los primeros poetas antologados del proyecto:
PANDEMIA de Federico Machado

Fotos: Paola Scagliotti

Luciano Baptista

Luciano Baptista

Foto
“Han sido, al diciembre del 2017, 18 años de vivir entre mi mugre y de escribir los versos de mi costumbre, un beso y un abrazo desde el lugar de mi casa, desde Maldonado.”

Fecha de nacimiento: 13/12/199
Lugar de residencia: Maldonado
Fecha de edición:16/12/2017

*      *     *

Un desayuno al despertar

Se derrama
el jugo de naranja
en el cielo de la mañana
mientras el viento canta
entre las hojas y ramas
de los árboles. Las
agujas ríen en la
habitación y se agitan
las sábanas
al oírlas.
El agua
se escurre en el vaso
cuando las manos
acarician el pan tostado.
La brisa
fluye por entre
el llamador de ángeles
del patio
y, se escucha la melodía
de las aves al volar.

 

Presente muerto

La imagen invernal
de acuarela que no cambia
aunque la toque

tiene un azul casi negro
para la vista de un hombre.

La sonrisa de un gato
de cuento
me sigue a todas partes. La brisa

enternece un beso
cercano a la orilla
de las olas.

La oscuridad domina
aunque un montón
de lámparas
iluminen la cúpula.

Son luciérnagas
que no puedo tocar,
son lejanas criaturas
que quizá no existan.

Una caricia
de gota por la mejilla
anuncia el llanto del cielo.

Las flores se vuelven grises
y opaca la noche.

Mis pasos cuento,
hacia atrás miro.
Presente muerto
es el que vivo.

 

Una mañana de verano

El perfume de los jazmines adorna la sala
donde los rayos del sol iluminan el polvo
que la escoba barre por el piso y las escaleras.
Un coro de aves se escabulle en vibraciones por
la ventana abierta, al mismo tiempo de unos breves
segundos chilla la caldera y el vapor dibuja
nubes en el techo que destiñen el color que no hay.

Luciana Bauzá Campodónico

Luciana Bauzá Campodónico

Foto

“Hace unos veinte años que vivo pero hace siete que vivo en estos versos y otros cuentos. Soy estudiante de historia: relato mucho y cuento poco. Más de una vez me encontré en un escenario, enamorándome del teatro. Soy un bicho que escribe, lee y a veces se anima a sentir”.

Fecha de nacimiento: 07/10/1997
Ciudad de residencia: Montevideo
Fecha de edición: 30/10/2017

 

¿De quién?

¿Entonces en qué quedamos?

En ser un espejo, un asqueroso
retazo de nuestra misma mueca
de victorias y derrotas.

Entre las rejas voy dejando
un mensaje ajeno a tu temperamento
cauto
tan sublime y tan adornado
por todo lo lindo de tu psique.

Así de mal me dibujo ante vos
no me tomes en serio
ni me digas obviedades, ni lo lógico
para eso
divaguemos juntos.

Porque en eso quedamos ¿no?

En ser amuletos mutuos
de una suerte que le es indiferente al azar.

En ser la risa escondida entre todas las muecas
serias e inmaculadas
de todos esos adornos
que son personas
que rodean a nuestra complicidad.

Que se encuentra encadenada a mi risa y a tus ganas
a tu risa y a mis ganas
a nuestro vigor depravado
obsceno y molesto
que de vez en cuando nos deja acercarnos lento.
Así.

Como van fluyendo las palabras.

Y si de espejos se trata,
como se trata, creo, de nosotros
me gusta mi reflejo
como me gusto yo misma
me gusta mi reflejo
por mucho que me aflija.

 

Las calles

Las calles se llenaron de noches desabrigadas
de labios desconsolados que tienen hambre
de ojos empachados de la indiferencia ajena.

El tiempo parece detenerse en algunas esquinas
donde una ayuda desinteresada y hasta casi tierna
se para frente un par de caras sucias de tristeza.

La calles tienen demasiadas luces que no son estrellas
y voces que nacen en el interior de un infierno chico,
que retumban desafiantes en las rutas de transeúntes
que caminan empachados de despreocupación.

Los que tienen las manos calientes dentro de los bolsillos
y los ojos cansados de tanto caminar dormidos.

El frío negro aplasta las ganas. Las ganas más necias.

Porque la soledad come mucho y duerme poco
la soledad de mentira, esa que está llena de gente.
La soledad sin techo que como no tiene frío o ganas de irse
se agazapa en un cartón a tomar.

Las calles se llenaron.
Es una conclusión que muchos sacan
con los pies entumecidos, las bocas mudas y las mandíbulas duras
como el piso de concreto, piso que se vuelve mesa y cama.
Que se vuelve alegría y dolor, dependiendo de quién pise
y quién la esté pasando “peor”.

 

Cobre

Todos nos olvidamos de la belleza del cobre,
nos embriagamos de otros metales más caros
y dañinos que andan de oreja en mano.

Todos nos olvidamos de tu brillo absolutamente benigno
y de esas luces de ciudad atrapadas
en la plena noche de tus pupilas.

Todos, y cuando digo todos hablo de mí, dudábamos de tu verdad
porque no se olía ni un rastro de mentira.

No olía ni a mentira propia, ni ajena, ni prestada.
Ni vieja, ni ultrajada. ¿Y cómo podía ser?

No había mentira y eso era un problema.
Hacía siglos que yo hablaba a punta de mentira.

A engaño y truco me manejaban; y tu bondad
te soy sincera, se me hacía absurda.

La sonrisa sincera es un atributo digno de pocos
y de esos pocos muchos la esconden

el mundo es cruel y está frío afuera.

Nervios, color rojizo en la piel erizada, erizada
como que no pasaba nada más que un viento de junio.
Junio, un junio como otro cualquiera, y me río.

Parece broma, parece nueva, pero es vieja
como todas la historias que se dignan de ser bonitas,
de ser bien vistas en un teatro o en un zapato.

Micaela Barón

Micaela Barón

Foto.jpg

“Micaela Barón vive felizmente en comunidad con todos los otros bichos haciendo música, 19 años de vida jugando”.

Fecha de nacimiento: 26/9/1998
Lugar de residencia: Parque del Plata
Fecha de edición: 16/10/2017

 

Niebla

Diría yo fuí Micaela Barón, por llamarme de algún modo, con el pecho inflado de orgullo gritaría a los cuatro vientos: ¡Yo me amo! ¡Y nadie me podrá separar!
Iría de la mano con mi idea, abrazaría mi creación y me miraría en la ventana del ómnibus sintiéndome poeta.
Atravesaría la niebla amarilla iluminada por los focos de la calle, sin saber qué hay en frente, sin notar que podría existir alguien ajeno a mí en esta caminata sin reloj.
Me hundiría en lo espeso del aire, en el misterio de la siguiente cuadra que me espera.
Abrazaría sin dudas al mundo, a mí, para terminar chocando mis ojos y la luna amarilla que habrá decidido salir cuando yo vuelva a mi llamada casa.
Enloquecería entonces, y me dejaría enfriar el cuerpo con la mayor calidez del tiempo, como olvidándome de mi negación al frío, como volviéndolo a vivir con otra piel.
Viviría una y mil veces en esta noche difusa, donde el mundo parece darme su consentimiento para respirar con valentía.

 

Otros colores (serie)

1. A gachas

Se me suben las palabras con un calor ácido que amenaza con llevarme lejos. Salto del acto primero al tercero y no encuentro en ninguno de tus gritos alguna orden que tenga sentido. Sin embargo, trago saliva y empiezo a seguir la sombra alargada que pintas en las aceras de las calles sin nombrar. Beso el tono negro homogéneo que se imprime detrás de tu paso y de vez en cuando levanto la mirada del piso, veo otros colores.

Veo otros colores…
Veo otros colores!!!
Me voy al suelo.

2. Medio diente

¿Medimos la distancia cuando nos tiramos a la pileta?? Tenemos seguro que podemos caer justo en el borde y nunca llegar al agua.
Y nunca más con los dientes partidos mirarnos en algún reflejo bravo. Y vamos buscando el resto del diente que se ha caído para pegarlo con gotita, a fuerza, para poder masticar como antes, con toda la entereza de un autoestima dependiente.

3. El malentendido de encontrarnos otra vez

Me di cuenta, entre alguna de esas palabras desanimadas y señas de guerra, que disfraza su miedo señalándome culpable de cobardía. Y que me pide que viva sin límites ni medidas cuando es él quien saca la cinta métrica al momento de sentir y se asegura de ahorrar en futuro.
Con esa espada que usa para defenderse, quiere abrir mi rostro y no puede. Entonces, mirando la semana fantasma disolverse en su décima taza de café, entiende al fin, que de nada sirvió intentar controlarlo todo.
Retira un pie del camino y nunca más termina de decirme

    adiós

 

Plano General

El sol de hoy enfría:
el agua pasa helada por mi garganta.
Un alma inmortal abre las piernas a contraluz,
la espalda cortada, seca, cicatrizándose aún.

Falsa nieve en Piriápolis,
paisaje espumado.
Vacas atravesando el arroyo Solís chico
y el sol que enfría aun así
superando una ruta sin canciones nuevas
y células que se reproducen ávidas.

A vidas claustrofóbicas
en el medio de un descampado,
sin pantallas, sin cuadros,
corriendo como el agua fría por mi garganta.