Micaela Barón

Micaela Barón

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“Micaela Barón vive felizmente en comunidad con todos los otros bichos haciendo música, 19 años de vida jugando”.

Fecha de nacimiento: 26/9/1998
Lugar de residencia: Parque del Plata
Fecha de edición: 16/10/2017

 

Niebla

Diría yo fuí Micaela Barón, por llamarme de algún modo, con el pecho inflado de orgullo gritaría a los cuatro vientos: ¡Yo me amo! ¡Y nadie me podrá separar!
Iría de la mano con mi idea, abrazaría mi creación y me miraría en la ventana del ómnibus sintiéndome poeta.
Atravesaría la niebla amarilla iluminada por los focos de la calle, sin saber qué hay en frente, sin notar que podría existir alguien ajeno a mí en esta caminata sin reloj.
Me hundiría en lo espeso del aire, en el misterio de la siguiente cuadra que me espera.
Abrazaría sin dudas al mundo, a mí, para terminar chocando mis ojos y la luna amarilla que habrá decidido salir cuando yo vuelva a mi llamada casa.
Enloquecería entonces, y me dejaría enfriar el cuerpo con la mayor calidez del tiempo, como olvidándome de mi negación al frío, como volviéndolo a vivir con otra piel.
Viviría una y mil veces en esta noche difusa, donde el mundo parece darme su consentimiento para respirar con valentía.

 

Otros colores (serie)

1. A gachas

Se me suben las palabras con un calor ácido que amenaza con llevarme lejos. Salto del acto primero al tercero y no encuentro en ninguno de tus gritos alguna orden que tenga sentido. Sin embargo, trago saliva y empiezo a seguir la sombra alargada que pintas en las aceras de las calles sin nombrar. Beso el tono negro homogéneo que se imprime detrás de tu paso y de vez en cuando levanto la mirada del piso, veo otros colores.

Veo otros colores…
Veo otros colores!!!
Me voy al suelo.

2. Medio diente

¿Medimos la distancia cuando nos tiramos a la pileta?? Tenemos seguro que podemos caer justo en el borde y nunca llegar al agua.
Y nunca más con los dientes partidos mirarnos en algún reflejo bravo. Y vamos buscando el resto del diente que se ha caído para pegarlo con gotita, a fuerza, para poder masticar como antes, con toda la entereza de un autoestima dependiente.

3. El malentendido de encontrarnos otra vez

Me di cuenta, entre alguna de esas palabras desanimadas y señas de guerra, que disfraza su miedo señalándome culpable de cobardía. Y que me pide que viva sin límites ni medidas cuando es él quien saca la cinta métrica al momento de sentir y se asegura de ahorrar en futuro.
Con esa espada que usa para defenderse, quiere abrir mi rostro y no puede. Entonces, mirando la semana fantasma disolverse en su décima taza de café, entiende al fin, que de nada sirvió intentar controlarlo todo.
Retira un pie del camino y nunca más termina de decirme

    adiós

 

Plano General

El sol de hoy enfría:
el agua pasa helada por mi garganta.
Un alma inmortal abre las piernas a contraluz,
la espalda cortada, seca, cicatrizándose aún.

Falsa nieve en Piriápolis,
paisaje espumado.
Vacas atravesando el arroyo Solís chico
y el sol que enfría aun así
superando una ruta sin canciones nuevas
y células que se reproducen ávidas.

A vidas claustrofóbicas
en el medio de un descampado,
sin pantallas, sin cuadros,
corriendo como el agua fría por mi garganta.

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Agustina Cabrera

Agustina Cabrera

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Vittoria Agustina
Mismo cuerpo y nombre desde el 98.

Fecha de nacimiento: 29/9/1998
Lugar de residencia: Piriápolis (Maldonado)
Fecha de edición: 25/9/2017

I.

Olvidé los versos que escribí con la mente
en el camino
sonaban
pero no pude congelar su inmediatez
el tiempo no es problema
pero soy vaga en la memoria
la pretensión tiñe de estigma mi fluir
y los recuerdos
son compases que aletean en la nada
punto y coma que entumece el ahora
que muere y cato en el letargo sin registro
en el pedaleo incesante de mi ritmo
miro: y aún así es intermitente el latir
de mi tic tac del interior
que empecinado
sucumbe en capital

II.

De corrido no:
corrijo
repudio el barroco acartonado que vomito
recorto
soy collage de mi propia incontinencia
verborragia que tapo
en el flagelo
Tanto ruido sobra en mí
callate
me digo
qué maestra te enseñó a escribir
copio y regulo
me cuesta
sufro el cambio forzado de mis letras
me escondo en el teclado
y aunque no puedo
huyo del papel

III.

Siento la luna
mengúa entre nubes su estar
tiñe
hipnotiza
pero vos con menos luz
hacés desviar todo a tu sendero
no te sigo
a ella la miro
las dos bañan mis noches de dudas
y aunque sigo en mi rumbo
me descubro cuerda floja
que en tensión es territorio a conquistar
pero suelta
te ayuda a avanzar

Sofía Lamas

Sofía Lamas

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Nací en junio del 99, me gustan demasiadas cosas, no tengo mucha idea de quién soy en realidad”.

Fecha de nacimiento: 4/7/1999
Lugar de residencia: Santa Lucía (Canelones)
Fecha de publicado: 11/9/2017

 

El canto de la noche

Tomaré las estrellas
una por una
y te vestiré con ellas

pincharé el cielo
para que depure en tus labios

y cuando el líquido
oscuro se te haga parte
y te encandilen las luces brillantes

te arrastraré
hipnotizado
entre el firmamento y el aire

para adentrarte
en mi corazón clamante

 

El sonido de las luces

A veces intento pensar
cómo suenan las luces de afuera,
cómo sería la banda sonora
de mi verano vacío:
pretendamos que nada ha pasado.

Yo solo quiero seguir soñando
llévame contigo cuando te vayas
quiero dormirme en tus brazos
y despertarme en tus ojos oscuros
con un beso de tus labios fríos.

Nos imagino caminando
en esa noche con luces artificiales
que tanto me suenan en la cabeza,
perdidos en el otro
drogados de amor
y sin mantenernos en pie
ebrios de sueños.

 

En el trayecto (idealizacion de un viaje)

Los cálidos haces de luz tocan el cielo,
y yo me encuentro sentada
en un murmullo de gente extraña
que duerme y no duerme,
que habla y no habla.
La brisa fresca me golpea la mejilla,
la brisa agitada por el movimiento
constante
de cilindros artificiales que trasladan
alma y carne,
siento el calor y la luz en mi cara,
en mis ojos.
El verde de afuera,
la abrumada vegetación:
todo se funde en un color esencial.
Estoy en una ruta determinada,
un camino,
un camino a la ciudad?
un camino que no sé a dónde me lleva realmente…
Y en el final estás,
en tu mundo líquido
casi subreal
y eso me contenta,
me ruboriza
con colores que no existen,
me hipnotiza vagamente
tu figura divina,
mi divina quimera,
mi utopía;
todo lo que eres en fin
para mi vida,
en mi trayecto,
en el eterno vaivén del asiento gris
mientras marchan,
sobre negras circunferencias,
mis ideas,
mis anhelos,
y todo lo que tengo.

Agustín Luque

Agustín Luque

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“Me diagnosticó el Dr. Caja con nefelibatismo severiagudo. Según él, por eso juego en mi alfombra y me cago en la aporía —que estudio detenidamente, por qué no—. Loco bomba. Perfil cristiano. Teatral. Ser vivo y muerto”.

Fecha de nacimiento: 12/3/1997
Lugar de residencia: Montevideo
Fecha de publicado: 27/8/2017

 

Secuestro

Apareció Daniela en la fiesta con la máscara salida y me dijo algo de que era gordita.

Me molestaba su actitud, yo seguía disfrazado de delfín y no sabía cómo manejarla, era reírme y contestar en pie de frase chirridos o comentar cosas como que había muchos casos de violaciones de delfines al año como para que tuviera miedo y se pusiera la cabeza de ardilla que sacudía mientras me hablaba.

Creo que al principio de la fiesta éramos solo tres los disfrazados y ella era una, por eso que se sacara la máscara me ponía inseguro,  solo, ridiculizado. Yo necesitaba la máscara y Dani no, ella era su máscara.

La estación de trenes, el futuro, Europa. Agenda. Y las estatuas promocionan estilo coca-cola en los cuarenta. El obrero destapa una coca-cola. Toma. Ofrece. Mira para el costado mientras su compañero toma. Chequea. Impone. Agarra. Toma.

Si en la calle me agacho a guardar algo en la mochila, una piedra por ejemplo, una cáscara de durazno, lo hago indudablemente contra una ventana y sale contra el vidrio un barbilla —cheto pero guardián— a ladrarme.

“Por lo menos aparecen”.

El viejo cobraba treinta pesos más el revelado de fotos que el escaneo como para evidenciar su rechazo a la digitalización. Igualmente la gente sufría una combinación entre tacañería, vagancia, e idiotez, porque compraban el escaneo casi sin excepciones. Después me enteré de que antes los rollos te los daban gratis, y que el revelado salía la mitad.

Las cámaras digitales tienen fotos infinitas y no solo treinta y seis, no tenés que pagar un rollo y después además del rollo pagar el revelado que sale más caro que el rollo o el escaneo que sigue saliendo más caro que el rollo pero más barato que el revelado.

Novelería.

“¿Y vos no tenés calor ahí adentro?”

 

Articulo

Aparece el mismísimo pobre de vida de la clase media del siglo veintiuno con el orden recto atado con una moñita hecha con los pelos del culo, adorando el olor a culo y repudiando las migas del mantel, sorprendiéndose con la ternura de acariciar una cabeza y reventarla contra la mesa por no saber qué hacer y después no saber qué hacer porque ahora el mantel no solo tiene migas sino que chorrean sangre las narinas y el papel de cocina sale caro y el papel higiénico está lejos y para caminar mejor voy lejos y antes de ir lo agendo en la agenda por si pasa algo y mejor que no pase nada. No acaricio.

 

Viejo

Siempre que pienso en mi futuro cierro los ojos y me viene nítida la imagen del viejo en la estación de bondis que me mostró la pichula. Él la denominó pichula, lo agarré meando, entrando al baño y se dio vuelta para preguntarme qué miraba. Nada, no miraba nada pero como él me hablaba lo miraba y habrá sido por eso que me la sacudió y procedió a contarme un cuento sacando una linterna para dejarse la cara amanerada de viejo verde que tenía todavía más tenebrosa. Me dijo que no me fuera. Se acercaba. Acariciaba con una mano su pichula mientras que con la otra, sobre su maraña de pelo como que tocaba el piano en el aire, hacía algo con los dedos.

Afuera mi viejo esperó al viejo y le pegó. El viejo quedó tirado, aplastado como una cáscara de banana posada en escena del crimen de película norteamericana. ¡Pero el viejo se reía! Y mis padres qué sinvergüenza, qué viejo hijo de puta. ¡Y no! Yo supe enseguida que ahí tirado había un viejo de la buena época, nada pervertido aunque claro sí, muy grotesco con su fin histriónico de contarle epopeyas fálicas a los niños para que se llevaran la anécdota. Y yo, a los veinte si por casualidad me veo en el reflejo de un ventanal, descubro ya a un viejo caracterizado y me río sufriendo porque sé de mi final vapuleado en el piso alrededor de mi dentadura.

Ailín Curbelo

Ailín Curbelo

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“El mundo llegó a mí en marzo de 1998. Hace 19 años que vivo sin apodo. Escribo y hago teatro porque no soy marginal ni tengo plata”.


No todo es sobre el amor

No todo es sobre el amor
sobre todo el amor

I

¿Dónde dejaste escondida la llave?
Estás corriendo bien lejos
vas atravesando miles de kilómetros
los rayos del sol están quebrando las paredes
el suelo se vuelve arena y vos seguís ahí.
Todo desaparece y vuelve a aparecer tan rápido que no te das cuenta.
Todos gritan, todos aúllan el dolor de una historia
que escribieron en una servilleta con el miedo de quedarse atrás.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
¿Cómo haces para mirar más allá de la incertidumbre?
Nadie para, nadie se pregunta
qué tan cierto es estar parado en una esquina
mientras el tiempo se dilata,
escurriéndose en un vaso de cerveza fría.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
La habitación se destruye y se vuelve a crear a cada instante.
Y yo te miro de reojo y sos de papel
y sos espuma de un vaso de cerveza fría
la suma de todos los días en que te quedaste mirando la nada
y te volvías contra el tiempo.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
¿Por qué te resuenan todos los huesos
y todas las lágrimas cada vez que me tocás?
Ya deberías saberlo, todos gritan, nadie para
nadie se pregunta qué es lo que te acomoda el alma
cuando estás acurrucado en un rincón
y sin embargo vos seguís ahí.

IV

Estoy recostada sobre tu pecho
mientras vos me mirás
como si estuvieras esperándola a ella o a cualquier otra.
Estoy acostada al lado tuyo
dando batalla a ciegas con la compasión en una mano
un pucho en la otra y los ojos entrecerrados
y vos no te das cuenta
con todos los retazos de este amor enfermo enredados en los pies y las sábanas
¿no te das cuenta?
Estoy dando batalla a ciegas con todas las noches
en que desesperación fue entrada
y plato principal
en un intento de saciar el hambre de un amor vencido.
Me mordí la lengua bien fuerte para no decirte que ojalá no puedas
ojalá no tengas que volver a mentir
para mantenerte de pie ante aquellos
que sostienen la vida con una sola mano
porque les da miedo barajar y dar de nuevo.
No soy la carne casual que te moja la oreja despacio
y va dejando ausencias sin barrer
yo tengo las uñas de los pies despintadas
mis piernas son un campo de batalla
estoy recostada sobre tu pecho
mirando el techo que me mira a mí
mujer triunfo, mujer diamante, mujer placebo.


Contame esa historia de nuevo

Contame esa historia de nuevo, la de todos los días
que la verdad se derrumbó encima de mí quebrándome las piernas
dejándome en la garganta el gusto amargo del rechazo
de chuparte la pija para que te pase algo
para ver si todavía estás vivo, si todavía te gusto.
A vos primero y después a ellos.

Contame esa historia de nuevo
de aquella vez que me tragué la piedra y la bajé con vino
de la vez que le dijiste a tus amigos
me cogí a una pendeja que conocí en una fiesta
y me escribió un poema.
Mucha forma, poco contenido.

Contame esa historia de nuevo, de las pocas veces que
estando envueltos en papel de regalo, nos arrancamos a pedazos los cuerpos cotidianos
poniendo a funcionar la maquinaria perversa del instinto
babeados de sal con los ojos apretados para no mirarnos
y de repente, una caricia peligrosa se cruzaba entre nosotros
siempre algo que se parecía muy poco al amor
nunca con ganas, nunca del todo.

Contame esa historia de nuevo
contame cómo está dispuesta tu seguridad de macho
que te cruzás conmigo y se te infla el pecho
y vas reconfirmando una y otra vez
que es a mí que se me moja la bombacha todo el tiempo
que soy yo la que te escribe poemitas encerrada en el baño del tercer piso todo el tiempo
que vos lo único que esperas de mí, al fin y al cabo
es un aplauso silencioso
un aplauso que te salve
de la ida y de la vuelta
un aplauso silencioso, otra forma de no ser nada
de que nadie pueda verte
que nadie vea donde terminan tus inseguridades solapadas
tus ganas de que te hagan un mimo todo el tiempo.

Bruno Acevedo Quevedo

Bruno Acevedo Quevedo

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“Hace 19 años que me llamo Bruno. Últimamente está apareciendo un patrón raro de colores en mi vida y tengo senos preauriculares. Hago teatro. Me siento bien cuando escribo”.

Fecha de nacimiento: 15/12/1997
Lugar de residencia: Montevideo
Fecha de edición: 12/06/2017

 

Feliz cumpleaños

Tres
tres
tres vestidos
tres velitas
tres deseos

Globos
torta
escones
la cuchilla no corta
papá no está
viene la tía gorda

El congelador está lleno
Hay escones de queso
La tía no para de comer
están rellenos de veneno

Tres
tres
tres kilos de fiambre
tres velitas
tres deseos

Picar
sangre
sazonar
carne
hornear
tripas
pelo
quemado
¡Le corté el pito!

La tía en casa
papá en casa
la nena juega
mamá trabaja

Leche
pesón
semen
huevos
¡Le corté el pito!

La policía llega
mamá llora
la tía vomita
fiambre hay de sobra.

 

Sin nombre

I
Y jugando a la escondida
se perdieron
sin dejar rastro alguno
y cuando los encontré con mi linterna
no habían más velas
la cera estaba derretida
había manchado el suelo
de blanco
y un poco de rojo

II
El día que planté limones
nacieron naranjas
Porque son más ricas
y dulces
que tu lengua
llena de veneno
que se come mi cuerpo
cuando tiene hambre de putos

III
Buscando fotos en mi celular
encontré una tuya
me partió el corazón
la borré
Y por un segundo
no exististe más
solo yo tenía esa foto
Y por un segundo
no exististe más

IV
No hago nada
no escribo nada
me paso todo el día acostado
pensando
y es necesario
a veces
pero cuando se vuelve rutina
me hundo y el colchón me traga
me asfixia
y me grita que no hago nada
que no escribo nada
y que me paso todo el día acostado.

 

Miriam

Voy a cortar con esta relación que me enferma
voy a cortar nuestras fotos
voy a apuñalarte por haber derramado esperma
en el vestido corto de otra mujer

Que no te amaba
que no te esperaba

Voy a cortar tu almohada de plumas
y voy a cortar nuestras sábanas
con mi cuchilla, hembra
te voy a hacer pedazos y te voy a comer

Y voy a sentir lo que es probar un macho
la carne dura
el sabor agrio
el gusto amargo de tu ser.

Bárbara Pan

Bárbara Pan

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“Soy Bárbara Pan, o eso me contaron. Ya viví dos décadas y como poeta soy buena cocinera. Sigo pensando que todo va a estar mejor eventualmente. Me gustan los búhos y las conspiraciones. También soy hater del ananá”.

Fecha de nacimiento: 20/10/1996
Lugar de residencia: Ciudad de la Costa (Canelones)
Fecha de edición: 28/4/2017

 

Creación

La miré sonriente.
Ella me devolvió la sonrisa de manera ingenua.
Su ignorancia alimentaba mi maldad, la potenciaba:
era mi rata atrapada entre cuatro cristales.

Estiró su mano por sobre la mesa, la tomé.
Estaba increíblemente tibia al tacto;
viva, latente sobre la mía.

Formábanse entonces aureolas rojas en las mejillas
y danzaba en su cara una sonrisa boba.
Finalmente bajó sus ojos brillantes desde mi tez
hacia la taza que descansaba sobre la mesa.
Ordinaria junto a todos los otros elementos,
y sin embargo la verdadera protagonista de la escena.

El líquido traidor esperaba para ser bebido.
Sostuvo la taza con la otra mano y la elevó a sus labios.
Yo casi no podía controlar mi euforia interna:
me temblaban las manos,
se me tensaba el cuerpo mientras la observaba beber.
Parecía darle delicados besos al tomar,
besos de muerte.
Tragó el líquido, lo tragó.

El veneno comenzaba a esparcirse por su cuerpo;
corría por sus venas apoderándose de todo lo vital, contaminándolo.
Ni satán sentiría el placer que estaba sintiendo yo ahora.

Su expresión cambió en menos de un minuto:
las cejas se fruncieron, la cara se agrió:
la mano tembló un instante
y dejó caer la taza que se hizo añicos contra el suelo.
Ella soltó mi mano bruscamente y la direccionó a su cuello.

En ese momento el color se le fue de la cara, las palabras no le salían de la boca,
como si tuviera la garganta obstruida por un líquido espeso.
Sus ojos horrorizados me miraron con un dejo de comprensión;
lo último que iba a ver era mi expresión de triunfo.

Una risa se escapó de mi garganta
como si estuviera atrapada, luchando por salir.
Esto era perfecto. ¡Perfecto!
Quería pedir mi ayuda. ¿Mi ayuda?
Le devolví la mirada con todo el desprecio que sentía,
Ese que había permanecido oculto durante tantos meses,
mantenido a raya para llevar a cabo mis intenciones.

Agarrándose fuertemente el cuello intentó pararse,
arrastrándose junto al mantel, naufragó.
Comenzó a arrastrarse contra el piso de madera,
como si fuera un gran gusano moribundo.

Yo la observaba con deliciosa morbosidad.
¡Ah, los placeres de la vida!
Su pérdida de vitalidad hacía las delicias de mi maligna satisfacción.
La fuerza la abandonaba poco a poco.
¡Cuán eficaz el veneno!
¡Cuán justo el tiempo!

Hacía unos minutos tenía el brillo de la vida en los ojos, las mejillas sonrosadas.
Hacía unos minutos se sentía protegida conmigo como en ningún otro lugar del mundo.
Hacía unos minutos su destino era una hoja impoluta lista para ser escrita.
Me paré y caminé unos pasos hacia ella.
Ya no podía avanzar.
Miró mis pies y subió la mirada débilmente hacia mi cara.
La expresión de sus ojos vidriosos se congeló para siempre
y sus manos aflojaron el agarre para caer flácidas contra el piso.

Respiré hondo y reí un poco más,
prendí un cigarrillo y contemplé el cuerpo inmóvil.
Acaricié con mis ojos el cadáver que yacía junto a mis pies.
Fascinado la contemplé con el encanto de un artista que contempla su mejor creación.

 

Mírame

Tengo un agujero negro en el pecho.
Los demás no lo pueden ver, pero está ahí,
creciendo periódicamente.
Es oscuro como una noche sin luna ni estrellas,
es profundo como un aljibe y huele como un cadáver en descomposición.

Cuando alguien se sienta a mi lado suelo imaginar
¿qué ocurriría si le enseñara ese hueco gigante
que ocupa mi tórax?
¿Sería invadido por el desconcierto? ¿El espanto? ¿El asco?
¿Qué gesto de rechazo dominaría su expresión?

Jamás mostré el agujero negro a nadie. A nadie le interesa.
Ese hueco se agranda de a poco,
un día habrá más agujero que persona
y seré efectivamente invisible.

Mi cara se pudre.
En algún momento me importó ser hermosa,
ahora me descompongo y nadie lo nota.
Muerta, camino entre los vivos. Pero los vivos no me ven,
todos van por la calle con un objetivo,
un lugar al que llegan tarde.

Camino rígida mi propia marcha fúnebre
llevando como única comitiva los olores putrefactos que desprendo,
diversos perfumes dulces y agrios
que los transeúntes notan un instante

Mis ojos saltones y sin brillo se han vuelto tristes
coronan unos pómulos huesudos con la piel pegada al hueso.
Los gusanos se mueven en mi interior pero casi no los siento.
Mi cabello se encrespó y mis uñas están quebradas.
Pero no lo ven.

El día de hoy está particularmente gris.
La gente teme que empiece a llover y carga abrigos pesados o paraguas.
Miran el enorme techo que es el cielo con mucho disgusto y niegan con
la cabeza, como desaprobando lo que el día tiene para ofrecerles.

El tránsito no está muy fluido y el sonido del murmullo es opacado
por los bocinazos o los gritos de los furiosos conductores.
Yo sigo caminando con la vista perdida y las extremidades tontas.
Unas mil almas pasaron a mi lado.
Siguen sin verme.
No tengo dónde ir, no hay apuro.

Una brisa congelada pasa entre los cuerpos,
entre la gente que se atropella entre sí
afanosos por cumplir las reglas de Cronos.
Chocando hombros, pisando pies ajenos sin volver la vista atrás.

Pensaba,
estaba pensado:
algo cambió.
Levanté la cabeza, no supe bien por qué.
Fue como una orden, una fuerza superior, como si fuera
un títere y mi titiritero hubiera jalado la cuerda de mi cuello.

Te vi de pronto. Estabas ahí. Caminando entre las personas.
No sentí nada. No era nada. Yo no podía sentir.
Pero las lombrices se alborotaron.
Ibas esquivando codazos sin ver.
No destacabas. Pero te vi,
faltaban dos metros para que llegaras.
Abrí la boca. No había palabras que salieran de ese hueco ordinario.

Un pinchazo en mi estómago fue el génesis de una red de nervios
despertando de un largo sueño.
Sentir. Pude sentir. Muy de pronto y muy despacio,
nunca supe cómo ni qué relación tenía eso con el particular transeúnte.
Mis manos hormigueaban. Intenté moverlas. Costaba demasiado,
el brazo pesaba como si de cemento fuera, pero la voluntad
y la razón poco a poco inundaban mi cerebro podrido.

Los gusanos se estaban molestando. Los gusanos podían sentir que ya no era suya,
se removieron molestos: “eres nuestra”,
podía sentir que decían al moverse y aferrarse a mis entrañas.
Faltaba un metro para que llegaras a mí
y tus ojos oscuros y brillantes se chocaron un instante con
los míos, opacos y apagados.

Ya había levantado mi brazo. Un paso más,
un paso más y te iba a tocar, te quería tocar.
Con mucho esfuerzo abrí la boca.
No sabía que iba a decir,
no tenía fuerza ni ideas.

Diste el paso, te toqué…
Y de la nada me deshice en miles de pedazos,
de gusanos, tripas, huesos y podredumbre, mal olor,
manché las caras de todos y todas.
Me esparcí por sus trajes perfectos e impolutos,
sus caras sorprendidas y horrorizadas se llenaron de mí.
Y solo me desarmé para no volverme a armar jamás.

La gente por primera vez me vio.

 

Bocanadas (fragmento)

1.-

En tus labios había un cigarro.
En los míos palabras nunca dichas.
Me atravesaste con tus dedos flacos
como si fueran cuchillos filosos para mis costillas.
Y me arrancaste el corazón.
Y te lo comiste a bocados
sin despegar los ojos salvajes de mí.
Desgarrando músculo y riendo miradas.
Pero seguí viviendo.