Giuliana Urbán

Giuliana Urbán

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“17 años cultivando inestabilidad emocional.
Generación del 99.”

Fecha de nacimiento: 10/12/1999
Lugar de residencia: Maldonado
Fecha de edición: 20/11/2017
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Formato de texto en: https://mega.nz/#!YBRRgAiD

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Luciana Bauzá Campodónico

Luciana Bauzá Campodónico

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“Hace unos veinte años que vivo pero hace siete que vivo en estos versos y otros cuentos. Soy estudiante de historia: relato mucho y cuento poco. Más de una vez me encontré en un escenario, enamorándome del teatro. Soy un bicho que escribe, lee y a veces se anima a sentir”.

Fecha de nacimiento: 07/10/1997
Ciudad de residencia: Montevideo
Fecha de edición: 30/10/2017

 

¿De quién?

¿Entonces en qué quedamos?

En ser un espejo, un asqueroso
retazo de nuestra misma mueca
de victorias y derrotas.

Entre las rejas voy dejando
un mensaje ajeno a tu temperamento
cauto
tan sublime y tan adornado
por todo lo lindo de tu psique.

Así de mal me dibujo ante vos
no me tomes en serio
ni me digas obviedades, ni lo lógico
para eso
divaguemos juntos.

Porque en eso quedamos ¿no?

En ser amuletos mutuos
de una suerte que le es indiferente al azar.

En ser la risa escondida entre todas las muecas
serias e inmaculadas
de todos esos adornos
que son personas
que rodean a nuestra complicidad.

Que se encuentra encadenada a mi risa y a tus ganas
a tu risa y a mis ganas
a nuestro vigor depravado
obsceno y molesto
que de vez en cuando nos deja acercarnos lento.
Así.

Como van fluyendo las palabras.

Y si de espejos se trata,
como se trata, creo, de nosotros
me gusta mi reflejo
como me gusto yo misma
me gusta mi reflejo
por mucho que me aflija.

 

Las calles

Las calles se llenaron de noches desabrigadas
de labios desconsolados que tienen hambre
de ojos empachados de la indiferencia ajena.

El tiempo parece detenerse en algunas esquinas
donde una ayuda desinteresada y hasta casi tierna
se para frente un par de caras sucias de tristeza.

La calles tienen demasiadas luces que no son estrellas
y voces que nacen en el interior de un infierno chico,
que retumban desafiantes en las rutas de transeúntes
que caminan empachados de despreocupación.

Los que tienen las manos calientes dentro de los bolsillos
y los ojos cansados de tanto caminar dormidos.

El frío negro aplasta las ganas. Las ganas más necias.

Porque la soledad come mucho y duerme poco
la soledad de mentira, esa que está llena de gente.
La soledad sin techo que como no tiene frío o ganas de irse
se agazapa en un cartón a tomar.

Las calles se llenaron.
Es una conclusión que muchos sacan
con los pies entumecidos, las bocas mudas y las mandíbulas duras
como el piso de concreto, piso que se vuelve mesa y cama.
Que se vuelve alegría y dolor, dependiendo de quién pise
y quién la esté pasando “peor”.

 

Cobre

Todos nos olvidamos de la belleza del cobre,
nos embriagamos de otros metales más caros
y dañinos que andan de oreja en mano.

Todos nos olvidamos de tu brillo absolutamente benigno
y de esas luces de ciudad atrapadas
en la plena noche de tus pupilas.

Todos, y cuando digo todos hablo de mí, dudábamos de tu verdad
porque no se olía ni un rastro de mentira.

No olía ni a mentira propia, ni ajena, ni prestada.
Ni vieja, ni ultrajada. ¿Y cómo podía ser?

No había mentira y eso era un problema.
Hacía siglos que yo hablaba a punta de mentira.

A engaño y truco me manejaban; y tu bondad
te soy sincera, se me hacía absurda.

La sonrisa sincera es un atributo digno de pocos
y de esos pocos muchos la esconden

el mundo es cruel y está frío afuera.

Nervios, color rojizo en la piel erizada, erizada
como que no pasaba nada más que un viento de junio.
Junio, un junio como otro cualquiera, y me río.

Parece broma, parece nueva, pero es vieja
como todas la historias que se dignan de ser bonitas,
de ser bien vistas en un teatro o en un zapato.

Micaela Barón

Micaela Barón

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“Micaela Barón vive felizmente en comunidad con todos los otros bichos haciendo música, 19 años de vida jugando”.

Fecha de nacimiento: 26/9/1998
Lugar de residencia: Parque del Plata
Fecha de edición: 16/10/2017

 

Niebla

Diría yo fuí Micaela Barón, por llamarme de algún modo, con el pecho inflado de orgullo gritaría a los cuatro vientos: ¡Yo me amo! ¡Y nadie me podrá separar!
Iría de la mano con mi idea, abrazaría mi creación y me miraría en la ventana del ómnibus sintiéndome poeta.
Atravesaría la niebla amarilla iluminada por los focos de la calle, sin saber qué hay en frente, sin notar que podría existir alguien ajeno a mí en esta caminata sin reloj.
Me hundiría en lo espeso del aire, en el misterio de la siguiente cuadra que me espera.
Abrazaría sin dudas al mundo, a mí, para terminar chocando mis ojos y la luna amarilla que habrá decidido salir cuando yo vuelva a mi llamada casa.
Enloquecería entonces, y me dejaría enfriar el cuerpo con la mayor calidez del tiempo, como olvidándome de mi negación al frío, como volviéndolo a vivir con otra piel.
Viviría una y mil veces en esta noche difusa, donde el mundo parece darme su consentimiento para respirar con valentía.

 

Otros colores (serie)

1. A gachas

Se me suben las palabras con un calor ácido que amenaza con llevarme lejos. Salto del acto primero al tercero y no encuentro en ninguno de tus gritos alguna orden que tenga sentido. Sin embargo, trago saliva y empiezo a seguir la sombra alargada que pintas en las aceras de las calles sin nombrar. Beso el tono negro homogéneo que se imprime detrás de tu paso y de vez en cuando levanto la mirada del piso, veo otros colores.

Veo otros colores…
Veo otros colores!!!
Me voy al suelo.

2. Medio diente

¿Medimos la distancia cuando nos tiramos a la pileta?? Tenemos seguro que podemos caer justo en el borde y nunca llegar al agua.
Y nunca más con los dientes partidos mirarnos en algún reflejo bravo. Y vamos buscando el resto del diente que se ha caído para pegarlo con gotita, a fuerza, para poder masticar como antes, con toda la entereza de un autoestima dependiente.

3. El malentendido de encontrarnos otra vez

Me di cuenta, entre alguna de esas palabras desanimadas y señas de guerra, que disfraza su miedo señalándome culpable de cobardía. Y que me pide que viva sin límites ni medidas cuando es él quien saca la cinta métrica al momento de sentir y se asegura de ahorrar en futuro.
Con esa espada que usa para defenderse, quiere abrir mi rostro y no puede. Entonces, mirando la semana fantasma disolverse en su décima taza de café, entiende al fin, que de nada sirvió intentar controlarlo todo.
Retira un pie del camino y nunca más termina de decirme

    adiós

 

Plano General

El sol de hoy enfría:
el agua pasa helada por mi garganta.
Un alma inmortal abre las piernas a contraluz,
la espalda cortada, seca, cicatrizándose aún.

Falsa nieve en Piriápolis,
paisaje espumado.
Vacas atravesando el arroyo Solís chico
y el sol que enfría aun así
superando una ruta sin canciones nuevas
y células que se reproducen ávidas.

A vidas claustrofóbicas
en el medio de un descampado,
sin pantallas, sin cuadros,
corriendo como el agua fría por mi garganta.

Agustina Cabrera

Agustina Cabrera

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Vittoria Agustina
Mismo cuerpo y nombre desde el 98.

Fecha de nacimiento: 29/9/1998
Lugar de residencia: Piriápolis (Maldonado)
Fecha de edición: 25/9/2017

I.

Olvidé los versos que escribí con la mente
en el camino
sonaban
pero no pude congelar su inmediatez
el tiempo no es problema
pero soy vaga en la memoria
la pretensión tiñe de estigma mi fluir
y los recuerdos
son compases que aletean en la nada
punto y coma que entumece el ahora
que muere y cato en el letargo sin registro
en el pedaleo incesante de mi ritmo
miro: y aún así es intermitente el latir
de mi tic tac del interior
que empecinado
sucumbe en capital

II.

De corrido no:
corrijo
repudio el barroco acartonado que vomito
recorto
soy collage de mi propia incontinencia
verborragia que tapo
en el flagelo
Tanto ruido sobra en mí
callate
me digo
qué maestra te enseñó a escribir
copio y regulo
me cuesta
sufro el cambio forzado de mis letras
me escondo en el teclado
y aunque no puedo
huyo del papel

III.

Siento la luna
mengúa entre nubes su estar
tiñe
hipnotiza
pero vos con menos luz
hacés desviar todo a tu sendero
no te sigo
a ella la miro
las dos bañan mis noches de dudas
y aunque sigo en mi rumbo
me descubro cuerda floja
que en tensión es territorio a conquistar
pero suelta
te ayuda a avanzar

Sofía Lamas

Sofía Lamas

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Nací en junio del 99, me gustan demasiadas cosas, no tengo mucha idea de quién soy en realidad”.

Fecha de nacimiento: 4/7/1999
Lugar de residencia: Santa Lucía (Canelones)
Fecha de publicado: 11/9/2017

 

El canto de la noche

Tomaré las estrellas
una por una
y te vestiré con ellas

pincharé el cielo
para que depure en tus labios

y cuando el líquido
oscuro se te haga parte
y te encandilen las luces brillantes

te arrastraré
hipnotizado
entre el firmamento y el aire

para adentrarte
en mi corazón clamante

 

El sonido de las luces

A veces intento pensar
cómo suenan las luces de afuera,
cómo sería la banda sonora
de mi verano vacío:
pretendamos que nada ha pasado.

Yo solo quiero seguir soñando
llévame contigo cuando te vayas
quiero dormirme en tus brazos
y despertarme en tus ojos oscuros
con un beso de tus labios fríos.

Nos imagino caminando
en esa noche con luces artificiales
que tanto me suenan en la cabeza,
perdidos en el otro
drogados de amor
y sin mantenernos en pie
ebrios de sueños.

 

En el trayecto (idealizacion de un viaje)

Los cálidos haces de luz tocan el cielo,
y yo me encuentro sentada
en un murmullo de gente extraña
que duerme y no duerme,
que habla y no habla.
La brisa fresca me golpea la mejilla,
la brisa agitada por el movimiento
constante
de cilindros artificiales que trasladan
alma y carne,
siento el calor y la luz en mi cara,
en mis ojos.
El verde de afuera,
la abrumada vegetación:
todo se funde en un color esencial.
Estoy en una ruta determinada,
un camino,
un camino a la ciudad?
un camino que no sé a dónde me lleva realmente…
Y en el final estás,
en tu mundo líquido
casi subreal
y eso me contenta,
me ruboriza
con colores que no existen,
me hipnotiza vagamente
tu figura divina,
mi divina quimera,
mi utopía;
todo lo que eres en fin
para mi vida,
en mi trayecto,
en el eterno vaivén del asiento gris
mientras marchan,
sobre negras circunferencias,
mis ideas,
mis anhelos,
y todo lo que tengo.

Agustín Luque

Agustín Luque

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“Me diagnosticó el Dr. Caja con nefelibatismo severiagudo. Según él, por eso juego en mi alfombra y me cago en la aporía —que estudio detenidamente, por qué no—. Loco bomba. Perfil cristiano. Teatral. Ser vivo y muerto”.

Fecha de nacimiento: 12/3/1997
Lugar de residencia: Montevideo
Fecha de publicado: 27/8/2017

 

Secuestro

Apareció Daniela en la fiesta con la máscara salida y me dijo algo de que era gordita.

Me molestaba su actitud, yo seguía disfrazado de delfín y no sabía cómo manejarla, era reírme y contestar en pie de frase chirridos o comentar cosas como que había muchos casos de violaciones de delfines al año como para que tuviera miedo y se pusiera la cabeza de ardilla que sacudía mientras me hablaba.

Creo que al principio de la fiesta éramos solo tres los disfrazados y ella era una, por eso que se sacara la máscara me ponía inseguro,  solo, ridiculizado. Yo necesitaba la máscara y Dani no, ella era su máscara.

La estación de trenes, el futuro, Europa. Agenda. Y las estatuas promocionan estilo coca-cola en los cuarenta. El obrero destapa una coca-cola. Toma. Ofrece. Mira para el costado mientras su compañero toma. Chequea. Impone. Agarra. Toma.

Si en la calle me agacho a guardar algo en la mochila, una piedra por ejemplo, una cáscara de durazno, lo hago indudablemente contra una ventana y sale contra el vidrio un barbilla —cheto pero guardián— a ladrarme.

“Por lo menos aparecen”.

El viejo cobraba treinta pesos más el revelado de fotos que el escaneo como para evidenciar su rechazo a la digitalización. Igualmente la gente sufría una combinación entre tacañería, vagancia, e idiotez, porque compraban el escaneo casi sin excepciones. Después me enteré de que antes los rollos te los daban gratis, y que el revelado salía la mitad.

Las cámaras digitales tienen fotos infinitas y no solo treinta y seis, no tenés que pagar un rollo y después además del rollo pagar el revelado que sale más caro que el rollo o el escaneo que sigue saliendo más caro que el rollo pero más barato que el revelado.

Novelería.

“¿Y vos no tenés calor ahí adentro?”

 

Articulo

Aparece el mismísimo pobre de vida de la clase media del siglo veintiuno con el orden recto atado con una moñita hecha con los pelos del culo, adorando el olor a culo y repudiando las migas del mantel, sorprendiéndose con la ternura de acariciar una cabeza y reventarla contra la mesa por no saber qué hacer y después no saber qué hacer porque ahora el mantel no solo tiene migas sino que chorrean sangre las narinas y el papel de cocina sale caro y el papel higiénico está lejos y para caminar mejor voy lejos y antes de ir lo agendo en la agenda por si pasa algo y mejor que no pase nada. No acaricio.

 

Viejo

Siempre que pienso en mi futuro cierro los ojos y me viene nítida la imagen del viejo en la estación de bondis que me mostró la pichula. Él la denominó pichula, lo agarré meando, entrando al baño y se dio vuelta para preguntarme qué miraba. Nada, no miraba nada pero como él me hablaba lo miraba y habrá sido por eso que me la sacudió y procedió a contarme un cuento sacando una linterna para dejarse la cara amanerada de viejo verde que tenía todavía más tenebrosa. Me dijo que no me fuera. Se acercaba. Acariciaba con una mano su pichula mientras que con la otra, sobre su maraña de pelo como que tocaba el piano en el aire, hacía algo con los dedos.

Afuera mi viejo esperó al viejo y le pegó. El viejo quedó tirado, aplastado como una cáscara de banana posada en escena del crimen de película norteamericana. ¡Pero el viejo se reía! Y mis padres qué sinvergüenza, qué viejo hijo de puta. ¡Y no! Yo supe enseguida que ahí tirado había un viejo de la buena época, nada pervertido aunque claro sí, muy grotesco con su fin histriónico de contarle epopeyas fálicas a los niños para que se llevaran la anécdota. Y yo, a los veinte si por casualidad me veo en el reflejo de un ventanal, descubro ya a un viejo caracterizado y me río sufriendo porque sé de mi final vapuleado en el piso alrededor de mi dentadura.

Ailín Curbelo

Ailín Curbelo

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“El mundo llegó a mí en marzo de 1998. Hace 19 años que vivo sin apodo. Escribo y hago teatro porque no soy marginal ni tengo plata”.


No todo es sobre el amor

No todo es sobre el amor
sobre todo el amor

I

¿Dónde dejaste escondida la llave?
Estás corriendo bien lejos
vas atravesando miles de kilómetros
los rayos del sol están quebrando las paredes
el suelo se vuelve arena y vos seguís ahí.
Todo desaparece y vuelve a aparecer tan rápido que no te das cuenta.
Todos gritan, todos aúllan el dolor de una historia
que escribieron en una servilleta con el miedo de quedarse atrás.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
¿Cómo haces para mirar más allá de la incertidumbre?
Nadie para, nadie se pregunta
qué tan cierto es estar parado en una esquina
mientras el tiempo se dilata,
escurriéndose en un vaso de cerveza fría.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
La habitación se destruye y se vuelve a crear a cada instante.
Y yo te miro de reojo y sos de papel
y sos espuma de un vaso de cerveza fría
la suma de todos los días en que te quedaste mirando la nada
y te volvías contra el tiempo.
Y sin embargo, vos seguís ahí.
¿Por qué te resuenan todos los huesos
y todas las lágrimas cada vez que me tocás?
Ya deberías saberlo, todos gritan, nadie para
nadie se pregunta qué es lo que te acomoda el alma
cuando estás acurrucado en un rincón
y sin embargo vos seguís ahí.

IV

Estoy recostada sobre tu pecho
mientras vos me mirás
como si estuvieras esperándola a ella o a cualquier otra.
Estoy acostada al lado tuyo
dando batalla a ciegas con la compasión en una mano
un pucho en la otra y los ojos entrecerrados
y vos no te das cuenta
con todos los retazos de este amor enfermo enredados en los pies y las sábanas
¿no te das cuenta?
Estoy dando batalla a ciegas con todas las noches
en que desesperación fue entrada
y plato principal
en un intento de saciar el hambre de un amor vencido.
Me mordí la lengua bien fuerte para no decirte que ojalá no puedas
ojalá no tengas que volver a mentir
para mantenerte de pie ante aquellos
que sostienen la vida con una sola mano
porque les da miedo barajar y dar de nuevo.
No soy la carne casual que te moja la oreja despacio
y va dejando ausencias sin barrer
yo tengo las uñas de los pies despintadas
mis piernas son un campo de batalla
estoy recostada sobre tu pecho
mirando el techo que me mira a mí
mujer triunfo, mujer diamante, mujer placebo.


Contame esa historia de nuevo

Contame esa historia de nuevo, la de todos los días
que la verdad se derrumbó encima de mí quebrándome las piernas
dejándome en la garganta el gusto amargo del rechazo
de chuparte la pija para que te pase algo
para ver si todavía estás vivo, si todavía te gusto.
A vos primero y después a ellos.

Contame esa historia de nuevo
de aquella vez que me tragué la piedra y la bajé con vino
de la vez que le dijiste a tus amigos
me cogí a una pendeja que conocí en una fiesta
y me escribió un poema.
Mucha forma, poco contenido.

Contame esa historia de nuevo, de las pocas veces que
estando envueltos en papel de regalo, nos arrancamos a pedazos los cuerpos cotidianos
poniendo a funcionar la maquinaria perversa del instinto
babeados de sal con los ojos apretados para no mirarnos
y de repente, una caricia peligrosa se cruzaba entre nosotros
siempre algo que se parecía muy poco al amor
nunca con ganas, nunca del todo.

Contame esa historia de nuevo
contame cómo está dispuesta tu seguridad de macho
que te cruzás conmigo y se te infla el pecho
y vas reconfirmando una y otra vez
que es a mí que se me moja la bombacha todo el tiempo
que soy yo la que te escribe poemitas encerrada en el baño del tercer piso todo el tiempo
que vos lo único que esperas de mí, al fin y al cabo
es un aplauso silencioso
un aplauso que te salve
de la ida y de la vuelta
un aplauso silencioso, otra forma de no ser nada
de que nadie pueda verte
que nadie vea donde terminan tus inseguridades solapadas
tus ganas de que te hagan un mimo todo el tiempo.